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Junto al corazón se guardan las cosas importantes. Pegadita a la diana de Cupido, uno puede colocar las fotos de su mujer, de su amante, de los cabrones de sus hijos. Allí se guardan los amores, las ilusiones, los deseos, aquello que es bello en este mundo de mierda, los amigos que nunca te dan la espalda, los amigos a los que tienes tendencia a dejar de lado, ...
Pero, ¿dónde colocar aquello que te da la vida? El corazón es un lugar poco privilegiado para atesorar millones de recuerdos gratos, miles y miles de personas engalanadas con un disfraz, esas coplillas de los Ad Libutum, de los Agüitas, de los Perigallos, de los Jarana. Poca importancia tiene el corazón para guardar allí los bailes al son de los tambores de los Wailukus, de los Infectos, de Bamboleo. Sería un deshonor, para la capital de la provincia más grande de España, el guardar su belleza de febrero, su colorido, sus cubatas sin resaca, su maquillaje, dentro del pecho.
Me importa demasiado poco el corazón para escribir en él los recuerdos de los Carnavales de Badajoz. Prefiero situarlos en el único sitio que me importa: al ladito, al ladito del escroto.
Publicado
el
2003-03-10
a las
06:42
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3
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