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Vacía de luna la noche, Sofía coloca su Nikon en la loma y deja que la brisa haga jugar su cabello con las estrellas. Se refleja debilmente en el objetivo el cometa que el cielo oscuro rasga. Abre la bolsa de accesorios, y, entre anillos-T y objetivos, saca el cable disparador. La bóveda a manchas del firmamento se cuela por su retina, millones de soles condensados en una mota de polvo, tan insignificante que hacedor alguno se preocupó jamás por ella.
Es una cazadora de cometas. Fotografía las noches del mundo, registra en una película caduca lo perenne -en términos humanos- del cosmos. Horas y horas sobre lomas en cientos de lugares, a veces tan sola como una estrella, a veces acompañada como un planeta de satélites. Horas y horas meditando. "¿Por qué no nos conformamos con intentar comprender la belleza del universo? ¿Por qué inventamos tantas tonterías, tantas falsedades?" Es tan hermoso lo que vemos que no necesitamos imaginarnos que existe algo más allá. "¿Por qué se pervierte esta maravilla? ¿Por qué nos insultamos con tanta puta leyenda?"
Gira levemente el trípode a la izquierda, no le gustan los retratos de frente. Acopla el cable, y vuelve a mirar al cometa. No puede dejar de pensar la cazadora en lo maravilloso que parece, con el reflejo de todos los rayos del sol brillando libres en la cola, una fuente de lechoso brillo que escapa del velo oscuro de la noche. Le roba el alma con dos disparos y unas luces iluminan la espalda de Sofía.
Publicado
el
2003-04-04
a las
20:33
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3
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